Queridos miembros y amigos de la Cofradía del Santísimo Cristo del Perdón y de la Virgen de la Soledad de Murcia: 

En la Semana Santa celebramos los misterios de la pasión, muerte y resurrección del Señor. El "memorial" de estos acontecimientos es una invitación a la conversión del corazón.

La llamada de Jesús a la conversión (lc. 5,32) está reflejada en las parábolas de la misericordia (lc. 15), las cuales ponen de manifiesto la iniciativa de la gracia divina y revelan que la conversión es respuesta a la invitación de Dios, acogida del don de su Palabra. Esta respuesta, que sólo la gracia permite, no se agota en la conversión moral o en el cumplimiento de las buenas obras, sino que tiene como meta Dios mismo. Se trata, pues, de una conversión al Dios que invita a abandonarse en El, a dejarse transformar y ser llevado sobre los hombros del Buen Pastor como la oveja perdida (Lc. 15,4-7). La conversión, en efecto, siempre tiene a Dios como término, precisamente al Dios que por nosotros se ha hecho cercano en Jesucristo, el cual nos ha mostrado en su pasión y en su cruz el inmenso amor del Padre, y en su resurrección nos ha abierto el camino de la esperanza.

Actualmente la Iglesia Católica, fiel a las enseñanzas de Jesús y a la tradición apostólica, proclama el anuncio de la conversión y nos llama a una vida nueva incompatible con el pecado. La Iglesia, al actualizarla llamada del Señor, es consciente de que la conversión cristiana es gracia, un don de Dios que no es reducible al esfuerzo humano. De ahí la necesidad de que todos nosotros, los pecadores, no dejemos de escuchar la llamada de Dios.

Un modo de acercar estas verdades a los fieles son las cofradías, hermandades y asociaciones de Semana Santa. Os exhorto, pues, a trabajar con amor en esta hermosa tradición que invita a caminar en la luz, a acoger el don de la reconciliación -que siempre es gracia-, a abandonar la vida de pecado, y así amar a Dios sobre todas las cosas y al prójimo como a uno mismo.

 

Con mi bendición y afecto,

 

Juan Antonio Reig Pla

Obispo de Cartagena