En el Cabildo General Ordinario de nuestra cofradía celebrado el día 27 de febrero de 1977, se adoptó el acuerdo de reformar las CONSTITUCIONES de 1948, que hasta entonces regían nuestra asociación de fieles.

Se inicia así un trabajo laborioso, paralelo a los últimos esfuerzos del proceso codificador del nuevo Código de Derecho Canónico, cuya aprobación se anunciaba próxima. Las constituciones de 1948 eran una herramienta ineficaz para abordar la situación socio-religiosa de la cofradía y, además de adolecer de serias lagunas, no estaban participadas por el espiritu del concilio Vaticano II.

El nuevo texto normativo de la cofradía fué sancionado mediante un Decreto dado por el entonces Obispo de la Diócesis de Cartagena, el Excmo. y Rvdmo. Sr. Don Javier Azagra Labiano, el día ocho de marzo de mil novecientos ochenta y tres. el refrendo del Ordinario de la Diócesis vino a coincidir con la reciente promulgación del Código de Derecho Canónico, cuya nueva planta dejaba sedimentado en la historia al viejo Código de 1917.

El texto aprobado en el año 83, contó - siendo una de sus mayores riquezas - con el respaldo programático de las orientaciones de la Evangelii Nuntiandi del Papa Pablo VI, fruto de una acertada aportación de quien en esos tiempos era Consiliario de nuestra Asociación.

La vocación más definida del texto de 1983 radicó en alertar de la urgencia de un compromiso de discernimiento y de renovación de la Religiosidad Popular, de sus valores y disfunciones, y redefinir un horizonte que, hasta entonces, justificaba la vida de la cofradía, casi de forma exclusiva, en su secular salida ccallejera del Lunes Santo.

Apenas promulgadas esas CONSTITUCIONES de 1983, fue la propia iglesia diocesana la que estimuló y avivó una reflexión adecuada a través de diversas Cartas Pastorales y documento elaborados por los Obispos del Sur. En sus trabajos, referidos al Catolicismo popular y a las Hermandades y Cofradías, una exhortación expresa quedaba subrayada como norte indeclinable: "las Hermandades y Cofradías han de ser realmente lugares de educación en la Fé, de celebración de la misma y comunicación de bienes, de testimonio de Jesucristro en el mundo".

En la Diócesis de Cartagena, esa situación alumbró el Directorio Diocesano para las Cofradías Pasionarias, invitando a las asociaciones y cofrades a procurar la incorporación del espíritu de renovación cristiana, y asumir la conciencia de ser instrumentos de evangelización, y articuló poco después el Secretariado Diocesano de Hermandades y Cofradías.

Con un despliegue pastoral importante y, sobre todo, con una definida conciencia de compromiso, la Junta de Gobierno de la cofradía, durante quince años, fue dando cauce a las previsiones establecidas en sus Constituciones.

En el año 1999 se presenta ante el Obispado de la Diócesis, encabezado entonces por Monseñor Ureña Pastor, una reforma parcial de las normas de 1983, dada la necesidad de seguir asumiendo un mayor compromiso evangelizador y catequético, poniendo el empeño en convocar e integrar a nuestro hermanos más distanciados.

El texto que se somete a reforma, pretende conciliar este entramado de aspiraciones con la dinámica funcional de nuestra asociación, pues pareció oportuno abordar aspectos que contribuyeran a fortalecer precisamente ese entramado, si bien es cierto que varias novedades, en gran medida, vienen a suponer un desarrollo reglamentario de algunos artículos del texto en vigor, significando en definitiva un matiz complementario y enriquecedor.

Así sucede en las concreciones alusivas a la personalidad civil de la Cofradía y a su identificación tributaria, a la uniformidad, a las cuotas de sus miembros y a la contraseña procesional. De igual suerte cuando se garantiza la privacidad del cofrade, una vez producido su ingreso formal, o se detemina la edad para prestar el juramento, requiriendose, en su caso la existencia de un padrino en los casos de minoría de edad.

Se apuesta por la elaboración de un reglamento de régimen interno, basado en los principios de legalidad, audiencia y contradicción, en evitación de arbitrariedades a los cofrades.

En la Dimensión de la dirección y gobierno de la Cofradía se amplia el periodo de mandato de 3 a 4 años, y se intensifican las juntas de caracter Permanente, y se preceptúan diversos aspectos relacionados con algunos de sus cargos, exigiendose un mínimo de 18 años de antigüedad, continuados al cofrade que aspire a la Presidencia.

 Por cuanto atañe a los Cabildos Generales, aprece la figura dell Cabildo de Elección, que tendrá como única finalidad proveer la nueva Junta de Gobierno.

Los planes de formación, confiados al cuidado y proposición del Comisario de Cultos, en estrecha coordinación con el Consiliario, participados por las orientaciones de la Diócesis y en especial, del Secretariado Diocesano de Hermandades y Cofradías, entrañan el gran desafio para los tiempos venideros, porque sólo desde una adecuada formación podrán alcanzarse mayores gracias y provechos para los cofrades, y se podrá responder a la finalidad evangelizadora.

Concluye la redacción actual, en sus disposiciones finales, consiguiendo la unificación de un mismo régimen normativo para todas las Hermandades de la cofradía, derogandose expresamente cuantas disposiciones contradigan o sean anteriores al texto cuya sanción formulamos, descartando así situaiones que comporte agravios comparativos.

Si desea consultar las constituciones, puede hacerlo a través del siguiente enlace.